Alto Aruya

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sábado, 18 de enero de 2020

La Runa Mula

Era una noche fría de Octubre, nuestra casita de cerca al rio Ucayali soportaba a duras penas los fuertes vientos de invierno.
Estaba muy cansado luego de volver del colegio. Lo bueno es que era viernes y podía levantarme tarde al día siguiente.
-Antes atraparon aqui a una enorme boa-nos contó Junior, un amigo shipibo que vino a visitarnos esa noche.
-¿Así? ¿y se comió a alguien alguna vez?
Pregunté curioso.
-¡Oh, no, no! Solo atacaba a las gallinas, patos y chanchos-. Repuso él.
-De todas formas, la gente tenía miedo, por eso un día se juntaron para rastrearlo con tramperas y...
-Junior ¡Kawe ishton waron!- le llamó uno de sus amigos que iba camino al pueblo.
-Ya me voy-. Nos dijo Junior. -Más tarde va ser más oscuro y me da miedo volver solo-. y se fue corriendo para alcanzar a su amigo.
Por mi parte, me quedé intrigado por saber el final del relato.
Mis dos primas y yo tendimos nuestras camas y pronto comenzó a correr fuertes vientos.
(Solo el que vive cerca al rio conoce el aterrador frio que estos traen consigo.)
Me puse mi abrigo y me metí en mi cama. Pero hacía tanto frio que mi prima vino a dormir conmigo.
Yo me puse todos los pantalones, polos y medias que tenía y, aún así parecía que el frio traspasaba todo eso.
Luego de charlar y reírnos de nuestras ocurrencias ellas se quedaron dormidas.
Yo no pude, me encontraba un poco triste pues extrañaba a una chica de quien estaba enamorado.
Me dio ganas de miccionar asi que, me salí de nuestro pequeño cuarto y bajé al patio. Vivíamos cerca al monte, donde había muchas cañabravas y a veces daba temor pararse afuera porque parecía que malévolas sombras te observaban desde la penumbra.
De repente, ví a lo lejos, por el barranco, un pequeño punto rojo que parecía fuego.
Rápidamente me subí a la casita y me metí asustado a la cama.
Ya eran como la medianoche. Me quedé muy pensativo de lo que había visto. Pensé que era algún pescador que regresaba al pueblo y traté de dormir cuando de pronto, escuché a lo lejos sonidos de cadenas arrastrándose por el camino. Cabe mencionar que nuestra casita se encontraba al costado del camino principal y estaba cercado apenas con una manta grande.

Escuché ese sonido y mi cuerpo se estremeció, me aterré más cuando comencé a escuchar los relinchidos de un caballo.
¡Oh no, no podía ser! ¡No había forma! No había ningún caballo en el pueblo.
Sentí cómo cada vello de mi piel se erizaba. Me toqué los ojos para asegurarme de que no lo estaba soñando y no¡ No había forma.
Era real y se acercaba cada vez más. Comencé a rezar en mi mente, pues no podía mover mi cuerpo por el miedo, apenas tragué saliva y de repente, este animal del infierno relinchó y pasó galopando fuertemente a unos dos metros de mi. Yo no pude aguantar más y grité de terror.
Mis primas se despertaron y en ese momento me atreví a mirar por la rendija de la manta. Apenas pude ver que por el barranco una sombra de animal más oscura que la misma noche y con un jinete encima corría y se perdían entre los cañabravales.
Yo estaba muy asustado.
-¿Qué es? ¿Has tenido pesadilla?-
Preguntó una de mis primas. Les conté lo que había pasado y ellas no me creyeron. En el fondo sé que se aterraron porque sabían que eso era cierto, algunos pobladores de la zona ya nos habían contado sus experiencias sobre la runa mula pero jamás... Jamás pensé que yo lo viviría en carne propia.

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Cuento
Fernando Bartra

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