Alto Aruya

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miércoles, 22 de enero de 2020

La Shushupe

-Mi Marita va entrar a la secundaria para el año que viene- Se dijo Don Casimiro mientras huactapeaba el monte alto para hacer su porotal.
Él vivía en un pueblito del rio. Era un hombre de bajos recursos económicos que trabajaba en la agricultura para poder mantener a su familia. Su esposa vendía ropa de segunda para poder ayudarlo.
Tenían una hija mayor llamada María y otros dos pequeños llamados Juan y Eliseo.
Él estaba preocupado porque María, iba a acabar la primaria ese año.
Debía ahorrar dinero para comprarle sus útiles escolares y su uniforme.
Por eso se había propuesto sembrar frejol regional pues, decían que en Pucallpa lo podía vender a un buen precio.
Absorto en sus pensamientos estaba Don Casimiro y cultivaba sin cesar hasta que llegó la hora del fiambre.
-Tengo que sacarme el ancho por mis hijos- Se decía.
-De repente, mañana más tarde, cuando tengan su profesión me van a pasar alguito siquiera-.
Y bebió el shibé que su mujer le había entregado junto con un táper con arroz y lisa ahumada.
Eran como las tres de la tarde y siguió cultivando hasta que llegó a la parte de los ceticales y yarinales. No se dio cuenta que bajo las hojas secas del cetico una serpiente, la más temida de todas, dormía plácidamente y no quería ser fastidiada.
Don Casimiro no había prestado atención a los sonidos que hace la Shushupe cuando duerme, unos sonidos que parecen ronquidos.
Si se hubiera percatado antes, su final hubiera sido diferente.
Los machetazos que daba el pobre agricultor a las hojas de yarina hizo poner en alerta rápidamente al reptil que se puso en posición de ataque. Levantó su cabeza y se irguió hasta quedar a la altura de la cara del hombre y esperó sigilosa.
Mientras Don Casimiro cultivaba la maleza pensando en el futuro de sus hijos, su machete casi golpea a la serpiente que hizo su sonido terrorífico con su cola: -shshsh, shshsh, shshsh-.
El hombre aterrado buscó de donde provenía ese sonido y al levantar la cabeza se encontró frente a frente a la enorme Shushupe que lo miraba con sus potentes ojos rojos.
El agricultor comenzó a correr despavorido, y la Shushupe lo persiguió por su tras. Cuando estuvo cerca al hombre esta se lanzó sobre él y lo derribó al suelo.
Él quiso defenderse con su machete, pero la serpiente le mordió en la cara, luego en el brazo y en el pecho.
Don Casimiro gritaba desesperado, el dolor que sentía era como fuego quemándolo, entre tanto, el mortal veneno de la Shushupe lo mataba rápidamente.
Sintió que ya no tenía fuerzas, se dejó desvanecerse en el suelo y comenzó a agonizar. La serpiente por su parte, se enroscó en su cuerpo y acostó su cabeza sobre su pecho, esperando a que su corazón dejara de latir para poder marcharse tranquila.
En el pueblo su mujer estaba preocupada, ya eran las seis de la tarde y su marido no regresaba.
Mandó a llamar a dos de sus sobrinos para que fueran en búsqueda del agricultor.
Sus sobrinos tomaron su escopeta y machetes y fueron charlando hacia la chacra de su tío.
En la mitad del trayecto, vieron tirado inerte al pobre Casimiro y a la temible Shushupe enroscada sobre su cuerpo.
Esta al escuchar los pasos de los jovencitos quiso lanzarse sobre ellos.
Estos indignados, soltaron varios disparos que destrozó la cabeza de la serpiente.
La remataron a machetazos y volvieron 
corriendo al pueblo a pedir ayuda para poder recoger el cadáver de Casimiro.

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Cuento
Fernando Bartra

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