Alto Aruya

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sábado, 13 de junio de 2020

El Bufeo Colorado

Lorenita bailaba alegremente en medio de la multitud al ritmo de la cumbia.
Era el aniversario de su distrito y el alcalde había armado un fiestón para toda la población.
Aquella noche tocaba la mejor banda local. Además, había bastante comida, muchas cajas de cerveza y grandes tinajas llenas de masato. 

La joven como buena Asháninka vestía una hermosa cushma color caoba que estaba adornada con semillas, huesos y coloridas plumas de guacamayo. 
En sus mejillas resaltaban unas brillantes líneas rojas pintadas con achiote. Asimismo, llevaba suelto su largo cabello negro y con una cautivadora sonrisa llamaba la atención de propios y extraños.

Sin embargo, ella no había venido sola. Sus padres y demás familiares habían acudido a la celebración también. Ellos estaban sentados en las bancas, al costado del escenario, conversando amenamente con otros paisanos venidos de lejos.

De repente los ojos de la joven se cruzaron con las de un muchacho rubio, alto y buen mozo. Este parecía haberla estado vigilando y extrañada se preguntó: 
-¿De dónde será ese chico?-
Y continuó bailando tratando de restarle importancia al asunto cuando sintió que alguien le tocó los hombros y oyó una voz que le dijo:
-Hola señorita ¿puedo bailar con usted?-
Asustada se dio media y al darse cuenta de que se trataba del misterioso muchacho sonrió nerviosa.
-Hola buenas noches. Sí amigo.- y comenzaron a bailar y charlar jovialmente.

-Tu vestido te queda muy lindo- Le dijo el joven.
-¡Ay gracias! Sí, es la ropa tradicional de mi pueblo- respondió sonrojada la muchacha.
-¿Y cuál es tu nombre linda señorita?- prosiguió.
-Mi nombre es Lorena ¿y el de usted?-
-Me llamo Gabriel y soy natural de la costa-.
-Que bueno joven ¿y ya has probado el masato?-
-¡Oh, todavía no! ¿serías tan amable de convidarme?-
-¡Ay perdón, por supuesto que sí! ¡Que mala anfitriona soy!- exclamó con risas la muchacha y fueron a beber la espumosa bebida.

Al promediar las once de la noche todos estaban ebrios y bailaban con regocijo al son de la música. 
-Vamos andar un rato por el puerto para que te pase la mareación- Le propuso el joven.
Lorena asintió con la cabeza y se fueron caminando guiados por la luz del alumbrado público.
El extraño le inspiraba confianza, ya que se había mostrado respetuoso y caballeroso con ella. Por otro lado, sus padres Don Joel y Doña María no se habían percatado de la ausencia de la muchacha y seguían brindando y conversando.

Aquella noche una fresca brisa soplaba en el puerto. El cielo estaba estrellado y se escuchaba el golpear de las olas contras las muchas canoas y botes de los visitantes que habían venido desde sus comunidades para participar del evento.

Mientras caminaban por la orilla Lorena le preguntó al muchacho cómo era el lugar donde vivía. Al oír esto, los ojos del foráneo se tornaron rojos como brasas ardientes y volteando a mirar a la chica, le agarró fuertemente del cuello y cubriéndole la boca con sus manos la arrastró hacia el agua.
Ella desesperada pataleaba y trataba de gritar pero, el muchacho la sumergió rápidamente con él.
 
Mientras tanto en la fiesta sus padres se despidieron de sus paisanos y fueron a buscarla para regresar a casa. Sin embargo, no la encontraron por ningún lado. Entonces comenzaron a preguntar a la gente que estaba en el lugar y estos les contestaron de que la habían visto salir de la fiesta con un hombre.
Estas palabras hirieron el corazón de los padres de Lorena. 
¡No podía ser posible que su querida hija hubiera sido capaz de hacer algo semejante!

Decepcionados esperaron unas horas más por si la chica volvía pero, esta no regresaba.
Entonces decidieron retornar a casa, ajenos de lo acontecido con la muchacha. 
-¿Cómo es posible que mi Lorenita haya hecho algo así?- Se preguntó dolido Don Joel. 
-Mañana va a chupar una bruta ishangueada esa muchacha- Repuso enojada Doña María, su madre.
-¡¿Dónde ha aprendido que debe encamarse con cualquier sisurro?!- prosiguió malhumorada.

Al día siguiente, la madre de Lorena la esperaba en casa con una rama de ishanga mas, su hija no se apareció en todo el día. 
Entonces preocupados salieron a preguntar por ella de aquí para allá. 
Alguien debería saber algo de la muchacha, ya que era muy conocida en aquel pueblo por ser amable y solidaria con todos.
Sin embargo, regresaron entristecidos sin mayor información sobre su hija, aparte de ser vista andando con un extraño en la noche de la fiesta. 
 
Los días pasaban y era tal la desesperación de sus padres que no tuvieron más remedio que acudir a un poderoso brujo de la zona. Este les dijo que era necesario realizar una sesión de ayahuasca y les pidió que volvieran a cierta hora de la noche.

Así que más tarde a la hora pactada la pareja acudió a la cita. Dentro de una casa vieja, en un cuarto oscuro y  bien cerrado, los tres tomaron una copita de ayahuasca. Entonces el curandero se puso a cantar los ícaros y las visiones empezaron.

Ante ellos apareció un maravilloso y conocido paisaje. Era un paraje que quedaba a unas vueltas rio abajo donde se ubicaba una profunda poza. Delante de sus ojos se formaron temibles remolinos y hermosos seres comenzaron a emerger y llenar el lugar. 
Aparecieron bellas sirenas que saltaban y jugaban en el agua. Por otro lado gigantescas anacondas se enroscaban entre ellas y también los enojados yacurunas salían a observar lo que sucedía montados en sus coloradas anguilas.

Los padres de Lorena miraban atónitos todo este acontecimiento y de repente, desde otro turbulento remolino emergió su querida hija junto al misterioso muchacho quien la había raptado. Este no era más que el mismísimo bufeo colorado que los miraba con ojos inyectados de odio.
La chica al ver a sus padres corrió llorando hacia ellos y cuando quiso abrazarlos el bufeo colorado la arrastró hacia él y se sumergieron de nuevo al agua.

-¡Hijita!-Exclamó sollozando su madre.
-No es cualquier bufeo colorado- dijo el brujo. -Es el bufeo supay un malvado espíritu que rapta a la gente para convertirlos en sus esclavos en su reino.-
-¿Qué podemos hacer entonces?- preguntó su padre.
-Ni bien pase el efecto de la ayahuasca tenemos que ir a la poza llevando vidrios rotos con mapacho para arrojarlos al agua.- respondió el brujo. -Esto le va hacer correr.-

Acabada la sesión fueron pues por los materiales que necesitaban y remando en canoa se dirigieron hacia la poza.
Cuando llegaron al lugar esparcieron los vidrios rotos y pedazos de mapacho.
De repente las aguas se agitaron y un enorme bufeo colorado saltó delante de ellos y huyó dando chapuzones rio arriba. En el monte los tunchis malignos comenzaron a silbar y a lo lejos los perros del pueblo aullaban de dolor. 
-No hay nada más que hacer. ¡El bufeo supay de venganza la ha matado!- Exclamó triste el brujo. -Si me hubieran buscado el mismo día de la desaparición yo habría podido salvarla- finalizó.
Esa noche, Don Joel y su esposa retornaron desconsolados a casa.  

Es muy triste describir el inmenso dolor que les embargó cuando al día siguiente tuvieron que ir a reconocer el cadáver de su hija. Unos pescadores lo habían encontrado flotando cerca al puerto de donde había sido raptada por el bufeo colorado.
Los escépticos decían que se había ahogado de borracha. Otros que el extraño había abusado de ella y la había asesinado para que no dijera nada.
A pesar de las habladurías y fríos comentarios de la gente los padres de la joven guardaron silencio. 
Mantuvieron con ellos la verdad del suceso por respeto y amor a su hija. 

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Cuento
▪Autor:
Fernando Bartra
▪Pintura:
Amaro Serruche


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